Yellowstone en una encrucijada: ciencia y resiliencia frente al cambio climático
Esta es la cuarta entrega de nuestra serie sobre cómo Ecology Project International trabaja con estudiantes para comprender y enfrentar el cambio climático en sus diferentes sitios de trabajo en las Américas. Puedes leer las demás publicaciones aquí.

Yellowstone fue el primer parque nacional creado en el mundo, hace más de 150 años. Y aunque sigue siendo uno de los paisajes menos alterados por la actividad humana en Estados Unidos, los impactos del cambio climático ya son visibles en diferentes partes de esta emblemática área de conservación.
El fin del reino de la nieve
El parque es conocido por sus intensas nevadas durante el invierno. En un invierno típico, la nieve acumulada en el suelo puede alcanzar hasta tres metros de profundidad en las zonas más bajas del parque y hasta el doble en las zonas más altas, creando un paisaje dominado por el hielo durante buena parte del año.
La capa de nieve es fundamental para mantener suficientes reservas de agua durante todo el año. A medida que aumentan las temperaturas, el agua se libera de manera gradual y constante al ambiente. Sin embargo, a medida que las temperaturas globales continúan aumentando, cada año cae menos nieve y esta se derrite más temprano, reduciendo estas reservas vitales.

“La ecología de este lugar ha evolucionado con grandes acumulaciones de nieve que funcionan como una reserva de agua que se libera durante los meses calurosos del verano. Con el cambio climático, la reducción de la capa de nieve y las lluvias hacen que el agua salga inmediatamente del sistema a través de los ríos. Aunque parte del agua se infiltra en el suelo, no se retiene de la misma manera que cuando proviene de la nieve”, explica Joe Loviska, gerente del Programa de Yellowstone de EPI.
Actualmente, hay 30 días menos de suelo cubierto de nieve cada año que hace cinco décadas, y 60 días más con temperaturas por encima del punto de congelación en comparación con el siglo pasado.
La falta de humedad en el ambiente aumenta la vulnerabilidad a los incendios forestales durante los períodos de calor extremo en verano. Algunos bosques que se queman podrían no recuperarse nunca, transformándose permanentemente en pastizales y modificando el paisaje a gran escala.
Desajustes biológicos y presión sobre la vida silvestre
El aumento de las temperaturas durante años consecutivos reduce el contenido de proteínas de los pastos que consumen muchos herbívoros, incluidos los bisontes. Esto provoca estrés nutricional y los obliga a modificar sus rutas migratorias.

Mientras tanto, el reverdecimiento temprano provocado por primaveras inusualmente cálidas puede hacer que los berrendos migren después de que su alimento ya haya perdido gran parte de su valor nutricional.
El aumento del calor también ha permitido que el escarabajo del pino de montaña diezme los bosques de pino de corteza blanca. Al mismo tiempo, se prevé que los humedales de la región disminuyan en un 40 %, amenazando la supervivencia de anfibios como el sapo occidental.
Como podemos ver, el cambio climático ya está teniendo impactos profundos en Yellowstone.
El enfoque de EPI ante una situación compleja
Los estudiantes que participan en los cursos de EPI se involucran en proyectos de ciencia participativa, recopilando datos y muestras que contribuyen a diferentes investigaciones que se llevan a cabo en el parque nacional.
El proyecto más directamente relacionado con el cambio climático es el estudio de ecología de la nieve, que se realiza durante los meses de invierno. Los estudiantes excavan pozos de nieve de hasta casi tres metros de profundidad para medir la dureza, temperatura y densidad de las diferentes capas de nieve que se acumulan durante la temporada. Estas mediciones se relacionan con el equivalente de agua de la nieve (SWE, por sus siglas en inglés), un indicador fundamental para comprender las reservas de agua y cómo el cambio climático está reduciendo la capa de nieve de Yellowstone.

En un buen año, los estudiantes pueden observar numerosas capas de nieve dentro de un solo pozo y completar todas las mediciones. Sin embargo, en inviernos recientes, las nevadas han disminuido drásticamente, llegando en ocasiones a acumular apenas 30 centímetros de nieve. Esto hace imposible identificar más de una capa.
Cuando esto sucede, EPI utiliza un recurso llamado “Impact Cards”, que contiene datos científicos sobre los impactos del cambio climático en la región. Esto permite que los estudiantes enseñen a sus compañeros sobre las tendencias históricas de temperatura y las alteraciones relacionadas con el clima.
Como explica Joe, la lección cambia en estas situaciones:
“En lugar de enseñar sobre la ciencia de la nieve, hablamos de lo que está pasando aquí. ¿Por qué no hay nieve en el suelo en enero o febrero?”
Durante los cursos de verano, los estudiantes también participan en el estudio “Home on the Range”, que analiza bisontes y otros ungulados. Aunque el proyecto se enfoca en el comportamiento de los animales y la recolección de muestras fecales, los investigadores también analizan cómo la disminución de los niveles de proteína en los pastos afecta a los herbívoros. Además, los estudiantes investigan cómo el cambio climático aumenta el estrés sobre el ecosistema a través de las sequías y los incendios forestales.

Los estudiantes también realizan monitoreos de anfibios, ya que estos animales son considerados bioindicadores de la salud de los hábitats. Debido a que los anfibios dependen de los humedales para reproducirse, monitorear sus poblaciones permite hacer un seguimiento indirecto de la pérdida de humedad de los humedales causada por el calentamiento de la región.
Mantener viva la esperanza
Joe explica que, además de trabajar con datos científicos, una parte importante del trabajo de los instructores de EPI en Yellowstone consiste en abordar la ansiedad climática que experimentan los estudiantes a medida que comprenden estas realidades complejas.
“Los instructores conversan con los estudiantes sobre la ansiedad climática y sobre el peso que todo esto representa para los jóvenes. Estos programas son espacios muy buenos para tener esas conversaciones porque estamos trabajando con ciencia real y poniendo las manos en la tierra”, dice Joe.
Aunque los desafíos ambientales provocados por el cambio climático son enormes, los estudiantes que participan en estos cursos aprenden que la ciencia es una herramienta fundamental para desarrollar resiliencia y que ellos mismos pueden desempeñar un papel activo en ese proceso.
“La ciencia que podemos hacer en el campo mantiene nuestros conocimientos actualizados y nos mantiene conscientes de lo que está pasando, porque si no somos conscientes, todo esto simplemente nos pasará por encima... podemos hacer muchas cosas buenas y positivas para adaptarnos, cambiar y reducir las pérdidas”, concluye Joe.



