Donde el desierto se encuentra con el mar: educación ambiental en Isla EspĆritu Santo
- Luis Diego Molina
- Dec 6, 2024
- 11 min read
Este lugar es un pedazo de desierto encallado en el mar. Un conjunto de dos grandes islas, unidas en marea baja por una franja de tierra, y múltiples islotes donde los cactus se encuentran con el océano. Es un lugar donde el viento puede ser implacable, rodeado de un paisaje fascinante.
Eso es el Parque Nacional ArchipiĆ©lago EspĆritu Santo, conocido como Isla EspĆritu Santo, donde Ecology Project International (EPI) ha trabajado durante 19 aƱos en proyectos de educación ambiental con estudiantes de secundaria, tanto locales como internacionales.

ĀæPor quĆ© en la isla? QuizĆ”s la pregunta deberĆa ser: Āæpor quĆ© no? Para alguien como yo, de Costa Rica, donde no existe el desierto, este es un lugar surreal. Es difĆcil comprender cómo un sitio completamente rodeado de agua puede ser a la vez tan Ć”rido.
La isla se ubica en el Golfo de California, entre el continente y la penĆnsula de Baja California, la región con menos lluvia de MĆ©xico. Este aƱo, que ya termina, no ha caĆdo una sola gota de agua. Y, sin embargo, la biodiversidad aquĆ es asombrosa.
El archipiĆ©lago alberga hĆ”bitats diversos, como manglares, playas, arrecifes rocosos, esteros y mantos de rodolitos (algas). Al ser islas, su endemismo es alto, con al menos 54 plantas Ćŗnicas en el mundo, asĆ como tres mamĆferos endĆ©micos, entre ellos el escurridizo babisuri, que nos dio batalla durante las noches (pronto les contarĆ© mĆ”s sobre ellos).
Uno de los mayores atractivos de la isla son los lobos marinos. AquĆ tienes la oportunidad de nadar entre ellos, tan cerca que, con suerte, podrĆan morder juguetonamente tus aletas.
La lucha por proteger un tesoro natural
La isla no siempre fue un lugar protegido. En 1972, el gobierno la entregó al ejido Alfredo Bonfil, una comunidad de pescadores bajo un sistema de tenencia colectiva de la tierra. En 1992, una reforma legal permitió la privatización de las tierras ejidales, y el ejido parceló y puso a la venta 90 hectÔreas de la isla. Esto desató un conflicto entre intereses de desarrollo y conservación.
āEs un Ć”rea por la cual lucharon mucho varias organizaciones de La Paz para convertirla en Ć”rea natural protegida, ya que querĆa desarrollarse con un montón de marinas, un montón de resorts. TambiĆ©n pretendĆan conectar la isla con tierra, y pues bueno, si entendemos un poco de la ecologĆa, esos proyectos pues para la biodiversidad de la isla no son algo muy sanoā, explica Joel Coronado, instructor de EPI.
Gracias a los esfuerzos de la sociedad civil, en 1998 se elaboró el primer plan de manejo de la isla, resultado de la cooperación entre instituciones de investigación, ONGs y el ejido Bonfil. En 2003, la isla fue completamente entregada a la Comisión Nacional de Ćreas Naturales Protegidas (CONANP)Ā para su conservación, y en 2005 fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad.
āCon un curso de islas es con lo que empezó EPI aquĆ en MĆ©xico hace ya 19 aƱos. Entonces, parte de la idea era promover la Isla EspĆritu Santo como una reserva natural, un Ć”rea protegida, y mostrar la riqueza y biodiversidad del Ć”reaā, comenta Coronado.

Un curso local de EPI en la isla de EspĆritu Santo. Noviembre de 2024
āLo primero que se hace con estudiantes locales, es precisamente mostrarles que tenemos la riqueza de la abundancia, sobre todo marina, y tambiĆ©n terrestre. Tenemos muchas especies muy curiosas, especies nativas, especies endĆ©micas, pero digamos que nos enfocamos mucho mĆ”s en lo que es el mar. Entonces lo primero que se hace es eso, mostrarles la riqueza del marā, aƱade el instructor.
Viviendo la educación ambiental en la isla
Observar miles de estrellas en un cielo libre de contaminación lumĆnica, escuchando el mantra repetitivo del mar entrelazarse con historias antiguas de dioses y criaturas mĆ”gicas, en una hermosa isla. Sin duda, es un momento especial.
Asà fue la segunda noche del curso para estudiantes del colegio Cobach 03, de la colonia Esterito en La Paz, Baja California Sur, realizado del 7 al 10 de noviembre pasado. Este colegio es especial para EPI, pues fue uno de los primeros con los que trabajamos en nuestro proyecto piloto, hace 19 años.
El profesor José Juan Fuentes, quien acompañó a este curso, estuvo presente desde el inicio de esta relación.
āA Epi MĆ©xico lo conozco desde que llegaron aquĆ en 2005, y nos escogieron como escuela piloto. Yo creo que este es mi curso 15 o 14 en la isla. Mi primera experiencia fue aquĆ, en la que invitaron a todos los docentes a acampar aquĆ, maestros de ecologĆa, maestros de biologĆa, maestros dedicados a las Ć”reas naturales y nos trajeron aquĆ al campamento un dĆa y una nocheā, recuerda Fuentes.
El primer dĆa de este curso comenzó temprano, a las 7:30 a.m., en el campus de EPI en La Paz, con dinĆ”micas rompehielos y la preparación del equipo para hacer snorkel. DespuĆ©s de caminar bajo un sol abrasador hasta el muelle, en el malecón de La Paz, partimos en lancha rumbo a la isla, un trayecto de hora y media en el que tuvimos la suerte de avistar delfines.

Grace, instructora de EPI, explica a los alumnos cómo aplicar el protocolo REEF en el monitoreo subacuÔtico de peces.
Llegar a la isla significa desconectar. Sin seƱal de celular, los estudiantes se sumergen por completo en el entorno y la experiencia. Al mediodĆa, armamos el campamento en la bahĆa El Candelero, asegurando bien las tiendas ante el ānortecilloā, un viento fuerte que no nos dio tregua durante la primera noche.
Por la tarde, los estudiantes practicaron snorkel, desde quienes no sabĆan nadar hasta quienes ya tenĆan experiencia. Rodeamos un islote cercano, donde el agua, aunque poco profunda, revela una impresionante diversidad de peces y corales.
De vuelta en tierra, llegó el momento de reflexionar y plasmar todo lo vivido. Cada estudiante recibió un hermoso cuaderno de EPI, su diario de campo, para registrar sus observaciones. En él, anotaron todo lo que les llamó la atención, complementando sus palabras con dibujos y colores para representar las especies que encontraron y el número de individuos avistados.
Con el apoyo de libros especializados llevados por los instructores, identificaron nombres cientĆficos y caracterĆsticas de cada especie. Este ejercicio, que combina creatividad y ciencia, resulta crucial para consolidar el aprendizaje en los estudiantes.
Durante el espacio de reflexión grupal, varios compartieron cómo al principio sintieron miedo, pero pronto lo superaron. La experiencia de observar peces bajo el agua fue, para muchos, una de las mĆ”s fascinantes del dĆa.
Por la noche, el viento nos impidió dormir bien, pero amanecimos con todo intacto. A la maƱana siguiente, exploramos el sendero de la Cascada Seca, un trayecto de 860 metros que ofrece una vista espectacular del mar y una oportunidad para apreciar la ecologĆa del desierto.

En el sendero aprendimos cómo obtienen agua las plantas, desde los cardones (unos cactus enormes), que hacen fotosĆntesis con todo su cuerpo, hasta el sorprendente zalate, cuyas raĆces perforan la roca porosa para absorber agua.
Al finalizar el sendero, llegamos a la parte mÔs alta, donde se encuentra una cueva que, en realidad, es una especie de bóveda amplia en la orilla de la cresta de la montaña, desde donde se disfruta de una vista panorÔmica que te roba el aliento. Allà se realizó un ejercicio de 10 minutos de silencio para conectar con el entorno. Esos minutos pueden parecer muy cortos o, quizÔs, eternos.
De regreso al campamento, se inició la parte acadĆ©mica de la experiencia, mĆ”s enfocada en el desarrollo de un pensamiento cientĆfico. En este momento, los estudiantes aprenden a formular preguntas cientĆficas, identificar fenómenos observables, asĆ como variables y cantidades.
TambiĆ©n se les enseñó sobre la zona intermareal, la franja que se encuentra entre la lĆnea de marea baja y la de marea alta en las playas, un ecosistema habitado por cientos de pequeƱos seres que aprovechan lo mejor de vivir en un entorno que, a veces, estĆ” sumergido y, a veces, al aire libre.
Y al final de ese dĆa fue la dichosa noche de ver las estrellas y contar historias.
Afortunadamente, el viento fue disminuyendo gradualmente durante nuestra estadĆa en El Candelero, hasta que en algĆŗn momento su presencia se volvió casi imperceptible. Esa noche, finalmente, pudimos dormir bien.
Sumergirse en la ciencia: monitoreo de la vida marina
El tercer dĆa fue emocionante, pues llegó el momento de monitorear los peces. Tras una explicación sobre el protocolo de ciencia ciudadana que seguimos para aportar datos a la organización Reef.org, nos embarcamos en la lancha rumbo al islote Monumento, donde se llevó a cabo el monitoreo subacuĆ”tico.
La experiencia es intensa. Es complicado anotar bajo el agua mientras se intenta respirar a travƩs del tubo y se evita que el agua entre en el visor. Algunos estudiantes perdieron las tablas o las hojas, pero afortunadamente se pudieron recuperar.

De vuelta a tierra, los alumnos documentaron sus observaciones en sus diarios de campo, anotando los nombres comunes y cientĆficos y el nĆŗmero de individuos de cada especie.
El objetivo de este ejercicio es āque los chicos aprendan a identificar diferentes especies de peces y hacer un poco de ciencia ciudadana, que es lo que trabaja Reef. Entonces lo que hacemos es eso, que aprendan a identificar peces y hacer abundancia relativa de esas especies, que quiere decir que anoten quĆ© tantos de cada especie vieronā, explica el instructor Joel.
āEste protocolo lo manejamos para que Ā los chicos aprendan cómo hacer ciencia ciudadana. DespuĆ©s tambiĆ©n se les muestra lo que es un protocolo de ciencia. Y la idea es que aprendan a usar la ciencia como una herramienta para resolver problemĆ”ticas locales. Ellos diseƱan un proyecto propio en el cual implementan todo lo que les, como hacer preguntas o identificar problemĆ”ticas como hacer observaciones, plantear preguntas y como con herramientas cientĆficas, responder esas preguntasā. Con estas palabras Coronado resume el objetivo del curso.
Cada curso incluye pequeƱos proyectos de los estudiantes desarrollados in situ. Comienzan con una pregunta de investigación basada en observaciones realizadas allĆ. Si el tiempo lo permite, recogen datos y extraen conclusiones.
Algunas de las preguntas de investigación planteadas por los estudiantes fueron:
ĀæExiste una diferencia de población de pez botete en la parte sur y la parte norte del islote en bahĆa El Candelero?
Diferencia de población de cangrejos en las pocitas en la zona intermareal de la playa El Candelero sur y el Candelero norte.
Tipos de plantas en el sendero. Diferencia entre plantas del sendero y de la playa sur de El Candelero.
¿HabrÔ mÔs cardones en un transecto de 50 metros en el cerro sur, cerro norte o en el sendero?

Conociendo la fauna de la zona intermareal
Aunque no hubo tiempo suficiente para desarrollar plenamente estos proyectos, el proceso de formulación de estas preguntas ofreció una valiosa oportunidad para la reflexión y el aprendizaje.
Tras una noche llena de travesuras de los babisuris en el campamento, llegó el Ćŗltimo dĆa en la isla.
Los babisuris, tambiĆ©n conocidos como cacomixtles (Bassariscus astutus), son pequeƱos mamĆferos parecidos a los mapaches, con largas colas anilladas y caritas tiernas. Desde el primer dĆa comenzaron a acercarse al campamento, al principio con timidez. Sin embargo, conforme pasaron los dĆas, se volvieron mĆ”s descarados, hasta el punto de robar cosas de la cocina o invadir las tiendas de campaƱa. AsĆ, mientras el viento nos impedĆa dormir durante la primera noche, la Ćŗltima noche fueron los babisuris quienes robaron el sueƱo a algunos en el campamento.

Un babisuri capturado con las manos en la masa
Una despedida memorable: nadar con leones marinos
La última mañana de nuestra estancia, tuvimos el privilegio de disfrutar de una experiencia inolvidable: nadar con leones marinos en su islote, situado al norte del archipiélago.
Tuvimos que ir en lancha, ya que el islote queda a varias millas de distancia. Al llegar, nos detuvimos, y el bote se movĆa con fuerza. Antes de entrar al agua, nuestros guĆas nos explicaron la ecologĆa de estos animales y nos dieron instrucciones de seguridad.
Aunque estos animales puedan parecer intimidantes al principio, en la mayorĆa de los casos son sociables e incluso juguetones. AquĆ estĆ”n acostumbrados a la presencia humana. Tuvimos la suerte de llegar de primeros, lo que nos permitió explorar con tranquilidad. Poco despuĆ©s empezaron a llegar otras embarcaciones y turistas. Incluso habĆa personas buceando.

DespuĆ©s de esta grata experiencia, llegó el momento de desmontar el campamento y regresar a la penĆnsula. El tiempo pasó volando, pero al mismo tiempo parecĆa haberse estirado. En el bote, se respiraba la nostalgia del final de nuestra aventura.
MƔs allƔ del aula: conectando con el mundo natural
Le pregunté al profesor José Juan por el valor educativo de llevar a los estudiantes a la isla, y me respondió:
āAquĆ reforzamos los lo que vemos en la clase. En el salón vemos sobre cómo funcionan los ecosistemas. AquĆ lo vimos con la planta, lo vimos con los peces, lo vimos con la temperatura, con el viento. Se aprende mĆ”s en campo que en un salón de clases. Lo que podemos aprender en cinco dĆas en campo fĆ”cilmente es lo que yo puedo dar todo un semestreā.

Grupo del Cobach 03. Noviembre de 2024
Pero los cursos no sólo tienen valor académico, sino también una importante repercusión social.
āEste colegio es de Esterito, que estĆ” en la zona mĆ”s marginada. Son los alumnos mĆ”s marginados y de mĆ”s bajos recursos que todos los demĆ”s planteles de La Paz. Hay muchos chicos de la escuela que nunca han salido, por sus condiciones o situación social, y esta es una gran oportunidad para ellos. Conocer esto y que despuĆ©s se enganchan y les dan ganas de seguir estudiandoā, explica el profesor.
Este profesor tiene una forma única de seleccionar a los estudiantes que lleva a la isla. La mitad del grupo estÔ formado por los estudiantes mÔs aplicados, y la otra mitad por aquellos mÔs rezagados o con problemas de comportamiento, lo que puede parecer inusual.
āLes voy a hablar de casos no un caso de un chico que era, pues, era drogadicto y lo estĆ”bamos perdiendo en drogas, en una sobredosis de drogas. Se estaba quedando el chico ahĆ atrapado. Y me decĆan Āæcómo te lo vas a llevar a la isla? Fue tanto lo que a Ć©l le gustó el campo, tanto le impactó, que se alejó de las drogasā, nos cuenta emocionado.

Un ejemplo inspirador de este grupo es Tamara HernÔndez, que se incorporó al curso insular por segunda vez. Nos lo cuenta:
āDecidĆ repetir este curso, ya que, bueno, la primera vez fue una gran experiencia para mĆ. La primera vez me gustó mucho, me apasionó y me inspiró incluso para mi futuro, porque de ahĆ como que me fui encaminando mi carrera a lo que quiero estudiar, que es biologĆa marinaā.
āDesde el aƱo pasado yo venĆa pensando quĆ© iba a estudiar y al entrar al curso de EPI fue como wow, esto me gusta. No solo la diversión en la playa, meterme y ver peces, sino maravillarme al encontrarlos en un libro. Y pues sĆ, es algo que me gustarĆa seguir y e ir por ese caminoā, agrega Tamara.
El impacto duradero de EPI
EPI celebró 19 aƱos de trabajo en La Paz el 4 de noviembre. Casi dos dĆ©cadas acercando a las personas locales a los ecosistemas que les rodean. Y durante todo este tiempo, la Isla EspĆritu Santo ha sido una pieza clave en su impacto en la región.
āYo pienso que, si quieres cambiar una sociedad, debes de empezar con las juventudes. A lo largo de estos 19 aƱos EPI ha tocado muchos corazones, ha tocado muchas vidas y ha cambiado muchas perspectivas y sobre todo ha dado a conocer este tesoro, que es la Isla EspĆritu Santo, a muchos localesā, concluye Joel, el instructor.
La isla es un tesoro, y aunque muchas personas lo visitan como parte de un recorrido turĆstico, vivirlo desde una perspectiva de educación ambiental y amor por el territorio es una experiencia completamente diferente. Si deseas vivir una experiencia como Ć©sta, espero que las palabras de Victoria, una estudiante, te convenzan:
āYo no me arrepiento de haber tomado la oportunidad y de haber ignorado de que esa vocecita que decĆa 'no vayas, te da miedo el mar, no vayas'. Yo la ignorĆ© y me aventĆ©. Entonces yo sin duda le dirĆa a esa persona ve, te va a cambiar la vida. Y vas a conocer mucho de la isla, de los propios animales que habitan aquĆ, como los babisuri, de sus propias plantas, de sus propias aves. De verdad es una muy, muy buena experiencia, para para uno, para el crecimiento personalā.
Si eres un profesor o un estudiante con ganas de vivir una experiencia transformadora como ésta, te invitamos a que conozcas mÔs y participes visitando nuestra pÔgina web. ”No te pierdas la oportunidad de conectar con la naturaleza y el conocimiento de una manera única!

”Gracias Morgan Iltis por estas fotos tan bonitas!